viernes, 25 de septiembre de 2009

Periplos y sucesos acontecidos en un hotel de cinco estrellas

Tras mi primera noche en el hotel Grand Oasis Punta Cana y sin cambiar la hora española de mi reloj, por un motivo tan estúpido que me hace pensar que si al hacerlo es como si dejara definitivamente atrás a mi país y a todos los que estáis allí, tanto que aún no he cambiado la hora del reloj (el móvil y lo demás sí, pero el reloj no) cosa que me permite seguir directamente conectado con vosotros, ya que por la hora voy viendo que podría estar haciendo cada uno. Bueno, a lo que íbamos. Pasó la primera noche y amanecí temprano, ya que nos habían citado a los recién llegados para darnos una sesión explicativa, donde lo único que hicieron fue decirnos "si sales fuera del hotel te comerán vivo, te timarán y robarán". Así, aguantando unas charlas que no me importaban para nada y con la mente puesta en el desayuno transcurrieron mis primeros minutos de día en este país.

Cuando por fin nos dejaron en paz me fui corriendo al restaurante de bufé, me iba a poner como el kiko. Huevos revueltos, tortillas, pollo, salchichas, queso, embutidos, yogures, pancakes, tortitas francesas, postres varios, fruta ("no te pares en esta sección, no te interesa, de hecho, qué hace esto aquí cuando hay tanto para engordar" pensé),jugo de chinola, de naranja, de piña, café, todo esto aderezado con música merengue, salsa, etc. Muchos pensaréis "oh, Gonzalo, ya puedo verte servilleta en el pecho, y 18 platos a tu alrededor", pues no majos, no, eso lo pensé yo, pero como ya comenté, iba solo, y para mi eso es una percha, un tostón, además, un tipo joven (apuesto, con buen porte, jeje) y solo da mucho que pensar en un sitio como este, donde todo son parejitas o grupetes. Pues ahí me teníais, todo recatado y con el estomago medio cerrado (sí, sólo medio, porque un plato considerable me metí) en medio de un restaurante lleno de gente.

En esto que vi a algunas de las auxiliares de vuelo, y pensé "porqué no intentar hablar con ellas, van en grupo, por lo tanto no podrán pensar que un tipo solo va a meter fichas a machete a todas, así que, qué más da". Acabé mi desayuno, me puse el bañador, cogí un libro y a la playa. Mira tú por donde, las azafatas, pues me puse cerca. "Perdonad, ¿hay alguien aquí?""No tranquilo, tú ponte". Primer contacto, no hay hostilidad, continuemos. Poco a poco, una frase suelta aquí, y con un poco de geta empecé a hablar con ellas, aunque volví a comer solo (jo, que coñazo es eso). Por la tarde, buscando la misma butaca de la mañana una de las chicas me saluda (tipo peli, chica guapa saluda al looser, éste sonríe, saluda y de repente, justo detrás de él aparece el mazas guaperas, y todo el mundo se ríe de él, ya sabéis), pues claro, yo no quería ser el looser de la peli, así que cojo y digo ¿Yo?, y me dice "Sí, tú eres el chico de esta mañana, ¿no? Pues que como estas sólo que te vengas a cenar con nosotras, hemos quedado a las 20.00 en tal sitio" "Allí estaré". Bien, al final no iba a ser una percha total.

Me duché, ay va!! si he cogido colorcillo...mmmmm, camisa blanca. Me presenté, yo solo había conocido a cuatro cinco, ahora eran 9. La cena empezó con unas copas y riéndonos de unos alemanes en un karaoke. Pasamos al restaurante. Risas, historias de sucesos algo raros, de familias, de moda, más risas, miedo. Nos echan y volvemos a las copas. Allí recibí unas clases de aviación, de su historia, de distintos tipos de aviones, de accidentes, del por qué de muchas cosas en los aviones, de aventuras, de historietas. Buenas noches. En España mucha gente comienza su día, entre ellos mi padre.

El día siguiente volví a pasarlo con ellas, desayuno, comida, playa, etc. Hablamos, resulta que una de ellas conoce a familiares mios. Hora de despedirse, ellas vuelven a España. Alguna foto y muchos consejos. Realmente ellas hicieron que esos días en el hotel merecieran la pena. Esa noche volví a cenar solo.

Me quedaban dos días. Pasaron, no hubo nada interesante, salvo que mi piel estaba quemada. ¿Cómo pasó si yo sólo busqué la sombra? No lo sé. Volví a las comidas sólo, acompañado únicamente por una revista de cine que amablemente me regaló el único hombre que había entre las auxiliares. Mi última noche hablé con mis vecinos de habitación, una pareja de vascos muy majos. Me despedí de ellos. Cerré maletas y me metí en la cama pensando la aventura que me supondría ir hasta Santo Domingo al día siguiente, donde me esperaban mi prima y su marido.

martes, 22 de septiembre de 2009

El viaje

Como ya dije, hoy comentaré un poco el viaje que hice a la República Dominicana. Sí, sólo el viaje, desde que salgo de mi casa hasta que llego al hotel, más o menos.

Con un par de maletas, una de las típicas de rueditas y la otra, el macuto del Ejercito de Tierra, como equipaje de mano, salí a las 10.10 con mis padres para la estación de tren. Allí consejos de última hora y mi madre aguantando como una campeona, porque sabe que no me gusta nada verle triste cuando me voy (hay antecedentes en cada viaje que hacía a Pamplona durante 4 años). Pero esta vez fue mucho más fácil, era como si me fuera a Madrid un fin de semana, no me daba la sensación de que no volvería, en principio, a estar con ellos hasta dentro de mucho tiempo. Me despedí de ellos. Abrazos, besos y gestos y miradas mientras me alejaba en las escaleras mecánicas.

Llegó el tren, subí y contemplé por la ventanilla como iba dejando las tierras de La Mancha hasta que llegué a Atocha, Madrid. Allí me esperaban un par de personajes que mucho "somos de la capi" pero no tenían ni idea de por dónde llegan los trenes, así que más bien les esperé yo cosa de media hora hasta que nos encontramos. Eran Nico S. y Lucía G. (Luci Liú), que amablemente decidieron acompañarme hasta el aeropuerto. En el trayecto hablamos, nos reímos e hicimos chorradas, pero fue llegar al aeropuerto y ya no eran chorradas, eran auténticas estupideces como gritar: "Bueno, que nos vamos al Caribe, eh?" o cosas de ese estilo, verdad Nico?

Como llegamos con mucho tiempo hasta que saliera mi vuelo fuimos directamente a dejar resuleto lo del embarque y la maleta, así que le pusimos el fihl ese de envolver bocadillos y la metimos en la cinta esa que piensas "Fijo que soy el único pringao al que se la pierden" y nos fuimos a tomar el aire, que a mi no me llegaba el suficiente, los nervios empezaban a hacer estragos. Para movernos por Barajas Nico decidió coger un portamaletas para llevar a Lucía, quien llevaba mi macuto encima. Brillante idea, así nos convertiamos en uno más de los persons que andan por Barajas.

Cuando llegó la hora de despedirnos y de pasar el control, otro numerito, ya que se pusieron a gritar "La droga, ¿la has escondido bien?", claro, el policía me mira y me dice "Con amigos así, ¿quién quiere enemigos?, Hala majo, bájate el pantalón" (que noooooooo, q eso último no lo dijo, pero lo llega hacer y mato a ese par de "amigos"). Luego me llamaron para ver qué tal, majos ellos, jeje.

Antes del embarque última llamada de mis padres y directo al avión. Tenía ventanilla, así que me fuí a mi sitio y a viajar, cosa que no tuvo nada de extraordinario salvo que me tire casi 8 horas sentado y la persecución que hicimos al Sol.

Una vez que aterrizamos y salí del avión el calor y la humedad me recibieron efusivamente, demasiado para mi gusto. Mis manos comenzaron a sudar como jamás lo habían hecho, tanto que pensé que me había mojado con algo. Me miré el pantalón, seco, mire al cielo, nada, no llovía, entonces realmente era sudor. Así, con esta sensación y mirandome las manos me fuí a por las maletas, donde pasó y pasó el tiempo, tanto que pensé "Ves, el único pringao", pero no, finalmente apareció y me pude marchar al hotel, en un bus, con el resto de la gente. En el trayecto me senté con un chaval de unos veintipocos, que me contó que el venía sólo, que a estos sitios hay que venir así ("madre", pensé).

Una vez en la recepción del hotel esperé el último a que me asignaran una habitación, fue la 6103, al lado de la de una pareja de chavales vascos, muy majos. Me fui allí, con el aire acondicionado a tope deshice las maletas, me fuí a cenar sólo (eso ya era una percha total). Más tarde me dirigí a la playa , me quedé sentado sobre la arena blanca mirando en dirección a donde yo pensaba que podría estar España y os dí las buenas noches, aunque práctimente estuviera amaneciendo por allí.

sábado, 19 de septiembre de 2009

Primeras impresiones

No me gustan las despedidas, soy muy sentimental y me llegan muy adentro. El día 12 fue una despedida continua. Primero mis padres, no fue nada fácil. En el AVE hacia Madrid muchos pensamientos y agobio. En Atocha me esperaban dos grandes amigos que hicieron que mis últimas horas antes de volar fueran distendidas. Me acompañaron a Barajas donde los carritos portamaletas fueron los grandes protagonistas. Finalmente, otra despedida. Control, zona internacional, llamada de mis padres, más despedida.
Ya en el avión no había marcha atrás. Luego lo típico, motores, mirar por la ventanilla, etc. Lo que más me llamó la atención fue la persecución que hicimos al Sol. Yo miraba el reloj, pasaban las horas y era de día. Pensaba: "En España ya es de noche y yo con este sol de 4 de la tarde".
Aterrizamos en Punta Cana, 19.00 hora local, 01.00 hora española. Al salir del avión me reciben con dos bofetadas, una de calor y otra de humedad. Pensé que si iba a ser siempre así no aguantaría ni dos días.
Lo malo para mi fue ir a un hotel de 5 estrellas yo solo. Fue una percha, un tostón. A mi eso no me mola, pero gracias a Dios, la tripulación de auxiliares del vuelo con el que vine, que se alojaban en el mismo hotel que yo, me acogieron y adoptaron. Eso solo duró 2 de los 4 días que estuve en Punta Cana, pero me lo pasé muy bien gracias a ellas. Los otros 2 días fueron de más cuelgue, pero pasaron.
La aventura comenzó en el momento de abandonar el hotel. Ahí me dí cuenta realmente en qué país estaba. Pasé por distintos pueblecitos, cogí un par de buses (guaguas en argot dominicano) y finalmente llegué a la capital. Flipé. No, no, eso no era la capital, eso era un poblado de gitanos. Con dos maletas, cara de "acojonao" y blanco era la presa fácil.
Ahora ya estoy en casa, y la cosa empezará a cambiar, porque no lo olvidemos, yo he venido a trabajar.
PD: Algún día comentaré más detalladamente todo lo que me ha pasado esta primera semana.

jueves, 10 de septiembre de 2009

The wave

Hacía mucho que lo oía. Era un rumor que se iba acercando. Al principio era casi imperceptible, pero hoy ya no es así. Hoy ese rumor ya es estruendo que me indica que la ola ya está aquí. Y he decidido coger una tabla y surfearla (ojalá y un tal Kelly Slater me hubiera dado unas lecciones). Esta ola me lleva hasta el otro lado del charco, y allí pasaré un tiempo.

Como muchos sabéis, si Dios quiere, comienzo una nueva etapa en la República Dominicana. Me marcho tras demasiado tiempo estancado. Es una oportunidad que me ha surgido y he decidido aprovecharla. Allí pretendo adentrarme en el mundo del diseño, principalmente, pero como es bien sabido, las cosas nunca salen como uno quiere, asi que sólo me queda esperar lo que venga e intentar "surfear" lo mejor que pueda.

Espero que esto sirva para que todos los que quieran (familia, amigos, conocidos, el que sea) puedan tener noticias de mi, aparte de las que pueda ir transmitiendo individualmente.

Con el billete amarrado y con esta entrada considero que esto ha empezado, y espero que todos me acompañéis un poquito.