Llevo ya casi un mes en Las Terrenas. He conocido partes del pueblo. No es muy grande. Un par de calles principales, una de subida y otra de bajada, y luego otras secundarias que dan a las principales. Por allí se va a Playa Bonita y por allá al pueblo de pescadores. Ya tengo casi todo el mapa. También he conocido a distintas personas. Gente de Europa, gente autóctona y gente de otras partes del mundo. Sí, es así de simple. Con tres distinciones he metido al mundo entero. Pues con todo esto se jugó un partido de fútbol.
Patrick Shaw (a que tiene nombre artístico 100%, quizá porque me suena a Sidney Shaw, de la película Rockanrolla), o el checheno, es un chileno del curro, que lleva meses montando partidos contra un grupo de haitianos. El pasado martes me invitó. No sin antes darme un aviso: "Pipita, estos juegan duro, así que... atento". Total, que Mr. Shaw me recojió con la moto a eso de las 17.00 y nos fuimos para el campo.
Yo, mal acostumbrado que vengo de Pamplona, con campos de césped artificial e incluso de tierra, o más aún, llanos y sin desniveles; llegué y me llevé un pequeño chasco. Sí, no era llano, pero eh!, había cesped y tierra (2 en 1, toooma). Las lineas de fuera estaban delimitadas por... cuando empieza la jungla, es fuera.
Hicimos los equipos. Haitianos VS resto del mundo (el checheno, un mejicano, un francés, un belga, un italiano, un par de autóctonos de la zona y el menda lerenda, Pipita para algunos desde que Patrick me llama así, no por mi juego -que también- sino por mi nombre). Nosotros sin polocher (camisetas para el común de los mortales) y ellos no, aunque daba igual, sería multicolor contra los "all blacks".
Fue un "7 pá 7". Yo me puse en mi posición de siempre, lateral, y comenzó el partido. Ya podías correr, irte de uno, hacer un pase, triangular... que cuando llegabas a chutar, el tío del que te habías ido en tu campo, aparecía ahora en el suyo con una pata extremadamente larga para impedir que tiraras. Así todo el rato. Una condición física muy sobraá. Pero esto se veía superado en cuanto nuestro equipo empezaba a tocar un poco, porque se bloqueaban y empezaban a discutir entre ellos, gritando cosas que yo no entendía, pero me partía de la risa.
Empezaron marcando ellos y se desató la euforia entre sus seguidores. Al poco empatamos. Forcejeos, patadas, algún codo suelto, y cómo no, yo respondí con una moneda parecida, la misma no, pero parecida. Amooooos, se me van a poner chulos a mí, ja!! Total, que al final quedamos 2-2. Abandonamos el campo y nos vamos a tomar unas cervecitas bien frescas.
Ya en casa, bañito en la piscina y luego ducha. Con el cuerpo ya en frío me percaté de un par de cosas. Mi espinilla tenía dos bultos. Mmmm... a ver... ah, sí, fue este en esta jugada, mmm, q majo él. Y, oh, si estoy andando como un viejito, con la mano en los riñones. De qué es esto? Ah, sí, vale, ese codo incrustado, ya me acuerdo.
Llevaba tiempo sin echar un partidillo, y me gustó. No era lo que esperaba, pero me gustó. Al día siguiente me costó hacer deporte, pero lo hice, esta vez tocaba surf.
viernes, 16 de octubre de 2009
lunes, 5 de octubre de 2009
Llegada a la capital
Recién salido de un hotel en Punta Cana y tras hacer las necesarias averiguaciones de horarios, paradas y coste, me dispuse a coger la gua-gua (véase furgonetas y/o autobuses en el idioma patrio) que me llevaría a Higuey, donde tendría que coger la segunda gua-gua para llegar a Santo Domingo.
En el primer caso, se cogía en la carretera que pasaba por delante del hotel, justo delante, así que, allí me ves a las 8.10, "plantao" con mis dos maletas y diciendo que no a todos los taxistas, porque aquí tú no pegas un silbido o pegas un grito tipo "taxi!!!", noooo, aquí todo el mundo te pita, te dice que subas, que a dónde vas, que te lleva, así que yo diciendo frases tipo: "que nooooo, que voy a coger el autobus a Higuey (sí, nada de gua-gua, autobus hijo, autobus). Estando yo en estos menesteres veo aparecer un vehículo motorizado que venía a ser una mezcla entre furgoneta y microbus, que deduzco es el transporte que me llevaría hasta mi primer destino, y así fue. Pues nada, allí que me metí con mis maletas bien a mano y comenzaba la verdadera visión del país. Nada más salirnos de la carretera de los hoteles ya dices: "mmmm, creo que lo del hotel no es la realidad, acabo de meterme en el matrix de RD, mmmmm". Empiezas a ver gente fuera de sus casas, sentados en sillas de plástico, mirando el día pasar y todo lo que lleva con él; ves puestos de pescado, de carne colgada al sol, más seca que seca (comparativa navarra, in memoriam, jaja), con moscas zumbando por todos lados, puestos de plátanos, de cocos, de comida autoctona; ves coches destartalados, motos que no llegas a entender cómo pueden seguir funcionando porque parecen unas tuberías con dos ruedas en los extremos; en definitiva, ves muchas cosas que te van chocando.
Así transcurrió mi primera hora de trayecto por el país. Cuando llegamos a Higuey el conductor me dice que me baje, que es la última parada, y me indica dónde tengo que coger el autobus que va a la capital (despues de que se lo haya preguntado, porque el pobre no tiene ciencia infusa, cosa rara, no??).
Allá marcho. Cruzo un par de calles y descubro el autobus de la "Sichoprola" (esta vez sí que era un autobus). Dejo una maleta en el maletero y me subo la otra. Me siento en la ventana, desde donde puedo ver todo el movimiento de maletas (pura precaución). Antes de salir ponen una peli, no recuerdo cuál, sé que ya la había visto y como estaba traducida al estilo sudamericano como que me dio bastante pereza y pasé un poco. El viaje duró unas 3h.
Al tipo que tenía detrás le dije que si sabía sobre que hora llegaríamos, me dijo que faltaba casi una hora. Con esto que me puse a intentar contactar con mi prima para decirle que me faltaba una hora para llegar. pero como yo seguía con mi móvil español no conseguí dar con ella, así que recurrí a mis padres, para que contactaran con mi prima, vamos, un lío de llamadas internacionales que "pa qué". Total, que a los diez minutos de hablar con el tipo de atrás llegamos a la capital. Ya me ves tú a mi flipando con el percal. Coches, motos y gente dando gritos por todos lados, que si taxi, que si te llevo, que si no sé qué.
Decido apartarme un poco y esperar a que vengan a por mí. La excusa para que los taxistas pasaran un poco de mí era "no, tranquilo, vienen a por mi, he quedado", pero no contaba yo con los rumanos que no tienen nada que hacer mas que hablar con un joven con dos maletas parado en medio de un parque y contarle su vida, robos que ha sufrido y demás penurias. No sabía dónde meterme ni qué hacer para evitar más charlitas, parecía inevitable, o venían a por mí pronto o la chapa iba para rato. De pronto, una lluvia providencial, cual antidisturbios en una "manifa" contra el G-8, disolvió aquella charla, y todo el mundo corrió a refugiarse bajo algún techo. El que yo escogí vino a ser como: para pamplonicas y gente navarrensis, la cosa esa que hay en medio de la plaza del castillo; para los culipardos, la de los jardines de al lado de la Catedral; para el resto de gente... no sé. El caso es que allí nos metimos bastante gente hasta que el grifo se cerró. De pronto me llaman al móvil, es mi prima que quiere saber dónde estoy (gran dilema éste que se me planteaba, ¿dónde estoy?), para resolverlo me dedico a preguntar a la gente, bendita suerte la mía que para uno que sabe dónde estamos nada más colgar intenta ligar conmigo, vamos, que el tipo me metió un par de fichas. "Enga coño, como si no tuviera bastante, que me piro majo".
Tras un par de horas esperando a un taxi que envió mi prima y que nunca me recogió, llegó un amigo de mi prima tras previo aviso de ésta. Meterme en su furgoneta supuso un alivio, ya iba encaminado. Los diez o quince minutos que duró el trayecto estuvimos hablando un poco de todo, entre otros temas, el tráfico, que en está ciudad se rige por una única norma de circulación: la ley del más fuerte o metete por donde puedas y antes que el otro. Yo alucinaba con la forma de conducir, ni intermitentes ni nada, el claxon es el que avisa de todo, de que vas a un lado, de que vas a otro, de que "paso que voy". En este tema estábamos, y el susodicho amigo de mi prima iba comentando: "aquí la gente conduce fatal, hacen lo que les da la gana, son... vamos, fatal", y yo le miraba con cara de "¿en serio que esas palabras están saliendo de tu boca? ¿Tú, kamikaze de la conducción te estas quejando de la gente? Ou dammit!!"
Finalmente llegué a mi destino, y sano y salvo, cosa muy importante. Pasé un día más en la capi, acompañé a mi prima a unos recados, cenamos en un sitio al lado del Mar Caribe y al día siguiente partimos para Las Terrenas, donde resido con ella y su marido.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)