Tras mi primera noche en el hotel
Grand Oasis Punta Cana y sin cambiar la hora española de mi reloj, por un motivo tan
estúpido que me hace pensar que si al hacerlo es como si dejara
definitivamente atrás a mi país y a todos los que estáis allí, tanto que aún no he cambiado la hora del reloj (el
móvil y lo demás sí, pero el reloj no) cosa que me permite seguir
directamente conectado con vosotros, ya que por la hora voy viendo que podría estar haciendo cada uno. Bueno, a lo que
íbamos. Pasó la primera noche y amanecí temprano, ya que nos habían citado a los recién llegados para darnos una sesión explicativa, donde lo único que hicieron fue decirnos "si sales fuera del hotel te comerán vivo, te timarán y robarán". Así, aguantando unas charlas que no me importaban para nada y con la mente puesta en el desayuno transcurrieron mis primeros minutos de día en este país.
Cuando por
fin nos dejaron en paz me
fui corriendo al restaurante de
bufé, me iba a poner como el
kiko. Huevos revueltos, tortillas, pollo, salchichas, queso, embutidos,
yogures,
pancakes, tortitas francesas, postres varios, fruta ("no te pares en esta sección, no te interesa, de hecho, qué hace esto aquí cuando hay tanto para engordar" pensé),jugo de
chinola, de naranja, de piña, café, todo esto aderezado con música merengue, salsa, etc. Muchos pensaréis "oh,
Gonzalo, ya puedo verte servilleta en el pecho, y 18 platos a tu alrededor", pues no majos, no, eso lo pensé yo, pero como ya comenté, iba solo, y para mi eso es una percha, un tostón, además, un tipo joven (apuesto, con buen porte,
jeje) y solo da mucho que pensar en un sitio como este, donde todo son
parejitas o
grupetes. Pues ahí me teníais, todo
recatado y con el estomago medio cerrado (sí, sólo medio, porque un plato
considerable me metí) en medio de un restaurante lleno de gente.
En esto que
vi a algunas de las auxiliares de vuelo, y pensé "porqué no intentar hablar con ellas, van en grupo, por lo tanto no podrán pensar que un tipo solo va a meter fichas a machete a todas, así que, qué más da". Acabé mi desayuno, me puse el bañador, cogí un libro y a la playa. Mira tú por donde, las azafatas, pues me
puse cerca. "Perdonad, ¿hay alguien aquí?""No tranquilo, tú
ponte". Primer contacto, no hay hostilidad, continuemos. Poco a poco, una frase suelta aquí, y con un poco de
geta empecé a hablar con ellas, aunque volví a comer solo (jo, que
coñazo es eso). Por la tarde, buscando la misma butaca de la mañana una de las chicas me saluda (tipo
peli, chica guapa saluda al
looser, éste
sonríe, saluda y de repente, justo detrás de él aparece el mazas
guaperas, y todo el mundo se
ríe de él, ya sabéis), pues claro, yo no quería ser el
looser de la
peli, así que cojo y digo ¿Yo?, y me dice "Sí, tú eres el chico de esta mañana, ¿no? Pues que como estas sólo que te vengas a cenar con nosotras, hemos quedado a las 20.00 en tal sitio" "Allí estaré". Bien, al final no iba a ser una percha total.
Me duché, ay va!! si he cogido
colorcillo...
mmmmm, camisa blanca. Me presenté, yo solo había conocido a cuatro cinco, ahora eran 9. La cena empezó con unas copas y
riéndonos de unos alemanes en un
karaoke. Pasamos al restaurante. Risas, historias de sucesos algo raros, de familias, de moda, más risas, miedo. Nos echan y volvemos a las copas. Allí recibí unas clases de aviación, de su historia, de distintos tipos de aviones, de accidentes, del por qué de muchas cosas en los aviones, de aventuras, de historietas. Buenas noches. En España mucha gente
comienza su día, entre ellos mi padre.
El día siguiente volví a pasarlo con ellas, desayuno, comida, playa, etc. Hablamos, resulta que una de ellas conoce a familiares mios. Hora de despedirse, ellas vuelven a España. Alguna foto y muchos consejos. Realmente ellas hicieron que esos días en el hotel merecieran la pena. Esa noche volví a cenar solo.
Me quedaban dos días. Pasaron, no hubo nada interesante, salvo que mi piel estaba quemada. ¿Cómo pasó si yo sólo busqué la sombra? No lo sé. Volví a las comidas sólo, acompañado
únicamente por una revista de cine que amablemente me regaló el único hombre que había entre las auxiliares. Mi última noche hablé con mis vecinos de habitación, una pareja de vascos muy majos. Me despedí de ellos. Cerré maletas y me metí en la cama pensando la aventura que me supondría ir hasta Santo Domingo al día siguiente, donde me esperaban mi prima y su marido.